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16 diciembre 2009

Alcahuetería y cinismo estatal consumen a Catia

Cuando León Trotsky, probablemente el más puro pensador de izquierda que jamás haya existido, hizo sus duras críticas a la revolución estalinista, dijo hablar “impregnado de un espíritu de hostilidad implacable hacia aquella nueva casta de opresores y de explotadores”. Es decir, siendo un socialista indiscutible, no tuvo ningún tipo reparos en presentarse como enemigo de aquella revolución pervertida, y no por ello perdió su carácter de revolucionario defensor de los intereses de los trabajadores y socialismo.

No tengo intención de rescatar el concepto de ser revolucionario, porque considero que el término ha sido tergiversado y usado demasiado tiempo para identificar procesos y regimenes grotescos que nada tiene que ver con las causas del proletariado. Pero considero que aquellos venezolanos que hemos tenido el honor de estudiar con humildad el pensamiento de Trotsky, deberíamos hacer honor a su ejemplo y levantar las banderas de sus críticas, esta vez no contra la revolución stalinisita, sino contra ese engendro local que se hace llamar revolución chavista.

¡Impregnemos nuestro espíritu de una hostilidad implacable contra la nueva casta de opresores y explotadores chavistas que hoy someten a nuestro pueblo! ¡Que cada quien en su espacio levante sin temor su voz contra el chavismo!


Silencio para proteger al comandante
En Catia donde nació el chavismo ocurren cosas que parecen sacadas de las críticas de Trotsky al estalinismo, en su ensayo “la revolución traicionada”. La divinización de Chávez, como árbitro supremo inviolable y primer cónsul a falta de emperador del gobierno totalitario de Venezuela, poco a poco se hace presente en todos los espacios públicos. Trotsky habría dicho: “Cada funcionario profesa que ‘el Estado es él’. Cada sitio se refleja fácilmente en Chávez. Chávez descubre en cada uno el soplo de su espíritu. Chávez es la personificación de la burocracia. Esa es la sustancia de su personalidad política”.


Y dado que la divinidad se vuelve inviolable, sus seguidores y funcionarios se convierten en grandes maquillistas y alcahuetes del proceso “hijo del padre Chávez”. ¿Qué necesidad hay de incomodar al comandante y manchar su hermosa revolución con denuncias sobre las pequeñas travesuras de algún funcionario corrupto? ¡Es mejor callar para que sigua la revolución! Además siempre ha sido así…


Es gracias a ese inmoral razonamiento anterior, que miles de chavistas se esfuerzan por no ver las monumentales montañas de basura en Catia. La subordinación cierra los orificios nasales a los olores de la podredumbre revolucionaria. No importa que la basura sea foco de infecciones y enfermedades que cobran la vida de un imperceptible número de personas. El estupido razonamiento de los fans del chavismo es que “más importantes es la imagen del proceso, que la salud publica”. Y esa estupidez ha llegado a niveles de colmo impresionantes, cuando aun con la basura el cuello, se tolera una campaña mediática alabando la “limpieza” de la parroquia Sucre, y asegurando que es superior a la del organizado municipio Chacao.

La cortina de hierro contra la crítica
La critica esta prohibida aun frente al abuso. En la Cortada de Catia por ejemplo se desarrollo hace poco, una campaña para multar a los vecinos que consumían demasiada agua. Esto se hizo pese a que esos mismos vecinos, se pasaron tres meses denunciando que a menos de 300 metros de sus hogares, en la plaza Catia, había un abundante y eterno bote de agua blanca. Solo la perspectiva que los opositores al proceso hicieran un escándalo mediático, hizo que se resolviera el asunto.

Incluso los hechos de sangre caen tras la cortina de la alcahuetería chavista. Los fans y funcionarios del régimen no ven la matanza ciudadana a que semanalmente somete el hampa a los catienses. La prensa oficialista no refleja la tragedia de vida de “dos niñas que arrastraron desesperadas el cadáver de su padre luego de presenciar su ejecución en la autopista Caracas la Guaira”. El ignominioso diario Vea, sobre Catia solo informan pasguatadas, como por ejemplo “los consejos comunales agradecen al comandante la revolución”. Y cuando el dolor es inocultable, inmediatamente surge el cuento de los paramilitares colombianos infiltrados en nuestros barrios para dañar la imagen del proceso.

Ni la protección de los logros del gobierno derriba en muro del silencio alcahuete. Recientemente los consejos comunales del eje 3 de Catia, estuvieron a punto de dar por muerto el programa Mercal, porque había que dar paso al más rentable Pdval. Solo la intervención y protesta airada de vecinos no beligerantes y opositores, hizo que la medida impopular se ejecutara. Y si bien unos pocos oficialistas se opusieron a la medida, estos han quedado señalados como “medios escuálidos”.

Estas son solo pequeñas muestras de los males propios de una revolución pervertida, condenada a fracasar por pisar la propia inmundicia oculta tras su cortina de hierro contra la crítica...

Naturalmente que siempre habrá algún inocente fans del proceso que me pregunte, ¿que motiva a un hombre nacido en la izquierda, para impregnar su espíritu de hostilidad implacable hacia la revolución chavista?... A ellos les debería citar a Trotsky... Pero como se, que la abrumadora mayoría de esos socialistas de reuniones no lo conocen, les digo que es por desprecio a esa nueva casta de opresores y de explotadores que nos hace pasar penurias mientras disfrutan como grandes boliburgueses.

“Una revolución que no tolere una critica es un pobre proceso”
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Item Reviewed: Alcahuetería y cinismo estatal consumen a Catia Rating: 5 Reviewed By: Saverio Vivas

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